No sabes manejar tus emociones porque nadie te enseñó esto

No sabes manejar tus emociones porque nadie te enseño esto.

Durante años nos han repetido que debemos “manejar nuestras emociones”, como si sentir tristeza, enojo o ansiedad fuera un error que hay que corregir rápidamente.

Pero ¿y si el problema no es que no sepas manejar tus emociones, sino que aprendiste a hacerlo de una forma que no funciona?

La mayoría de las personas intenta pensar diferente cuando una emoción aparece, pero muchas veces el problema no está en la mente, sino en el cuerpo.

Hoy quiero explicarte qué es realmente la regulación emocional —sin tecnicismos— y qué hacer cuando la emoción ya está activada en ti.

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No sabes manejar tus emociones

¿Por qué todos buscan “regular emociones”?

No sabes manejar tus emociones, pero, vivimos en un mundo sobreestimulado, exigente y emocionalmente saturado.

Desde pequeños nos enseñaron a rendir, a cumplir, a ser productivos… pero no a sentir.

Así, cuando una emoción intensa aparece, el recorrido suele ser el mismo: emoción → incomodidad → urgencia por apagarla.

Buscamos controlar, distraernos o “arreglar” lo que sentimos lo antes posible. Sin embargo, sentir emociones intensas no es el problema.

El verdadero desafío es no saber cómo sostenerlas sin desbordarnos ni desconectarnos. Ahí es donde muchas personas sienten que no saben manejar sus emociones.

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Qué es la regulación emocional: No sabes manejar tus emociones

Regular las emociones no significa controlarlas, eliminarlas ni pensar positivo.

Tampoco es “calmarse rápido” para seguir funcionando como si nada pasara.

La regulación emocional es la capacidad de sentir una emoción sin perderte a ti en el proceso.

Es poder estar con lo que sientes sin reprimirlo, pero también sin actuar impulsivamente desde ahí.

Regular es acompañar la emoción mientras atraviesa el cuerpo.

Porque las emociones no son enemigas: son energía en movimiento, información valiosa que necesita ser escuchada.

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Cuando la emoción ya está en el cuerpo y no sabes manejar tus emociones

Muchas veces creemos que manejar nuestras emociones es un ejercicio mental.

Pero cuando la emoción ya se activó, el cuerpo habla primero.

Algunas señales comunes son:

  • Nudo en el pecho
  • Garganta cerrada
  • Tensión en el estómago
  • Respiración corta o agitada

En este punto, pensar no basta. Decirte “no debería sentir esto” o “todo está bien” no calma al sistema nervioso.

El cuerpo necesita ser escuchado antes que corregido. Si no atendemos esa señal corporal, la emoción se intensifica.

Aquí es importante dejar de huir de la emoción y comenzar a trabajar en sentir y observar.

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No sabes manejar tus emociones

Respiración + conciencia corporal: el verdadero puente para manejar tus emociones

La respiración es uno de los accesos más directos para manejar tus emociones sin reprimirlas.

No se trata de respirar para “calmar rápido”, sino de respirar para habitar la sensación.

Un ejercicio simple:

  • Inhala lento por la nariz
  • Exhala más largo por la boca
  • Lleva tu atención al lugar donde sientes la emoción

Luego, nombra sin juicio:
“Esto es tristeza.”
“Esto es ansiedad.”

Nombrar lo que sientes no lo empeora; al contrario, le da contención. La emoción empieza a regularse cuando se siente reconocida.

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No sabes manejar tus emociones

Errores comunes al intentar manejar tus emociones

Hay intentos muy comunes que alivian momentáneamente, pero no regulan de verdad:

  • Reprimir: “No debería sentir esto”.
  • Distraerse compulsivamente: redes sociales, comida, trabajo.
  • Positivismo tóxico: “Todo pasa”, “podría ser peor”.
  • Intelectualizar: analizar la emoción sin permitirte sentirla.

Estos mecanismos pueden funcionar a corto plazo, pero la emoción no desaparece. Solo se acumula y vuelve con más fuerza.

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Qué sí ayuda a largo plazo

Aprender a manejar tus emociones de forma saludable implica crear espacio interno para sentir. Algunas prácticas que ayudan:

También es clave validar lo que sientes sin actuar desde la emoción. Presencia no es perfección. Regular no significa hacerlo “bien”, sino hacerlo con honestidad.

Y si estás en este camino, existen espacios para acompañarte:

Sanar no es dejar de sentir. Es aprender a sostenerte mientras sientes.

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