¿Por qué duele tanto si ya sabías que la relación no funcionaba?

Tiempo de lectura: 9 minutos | Episodio 1 de la serie: Sanar el Corazón Juntas


¿Por qué duele tanto? Hay una pregunta que aparece en casi todos los procesos de ruptura.

No importa si sabías desde hace meses que la relación no iba a funcionar. No importa si hubo infidelidad, irrespeto, o simplemente la certeza de que ese vínculo te hacía más pequeña que grande.

La pregunta llega igual: ¿Por qué me duele tanto si ya lo sabía?

Y debajo de esa pregunta, casi siempre, hay otra: ¿Si duele tanto, será que debí quedarme?

Hoy quiero responderte ambas. Porque entender lo que está pasando en tu cerebro y en tu cuerpo cuando una relación termina cambia completamente la forma en que te tratas a ti misma en este proceso.

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Lo que está pasando en tu cerebro ¿Por qué duele tanto?

¿Por qué duele tanto? Pues, tu cerebro es una máquina de predicción.

Cuando construyes una vida con alguien, cuando pasas tiempo, cuando esa persona se vuelve parte de tu rutina cotidiana, el cerebro aprende a predecir que esa persona estará ahí.

No como una decisión consciente.

Como un patrón que el cerebro incorpora profundamente: cuando cocinas, cuando llegas a casa, cuando abres los ojos en la mañana, el cerebro espera que esa persona esté.

Cuando la relación termina, esa predicción choca con la realidad.

Y ese choque genera confusión, desorientación, y una caída en la segregación de neurotransmisores que el cerebro tiene que procesar.

Por eso puedes estar completamente convencida de que tomar esa decisión fue lo correcto, y aun así sentir el vacío con toda su intensidad.

Son dos cosas distintas. La razón dice una cosa. El sistema nervioso tarda en actualizar la predicción.

Serie “Sanar el corazón juntas”


Las asociaciones que tu cerebro creó- ¿Por qué duele tanto?

El cerebro no solo aprende que la persona estará ahí.

También aprende a asociar a esa persona con todo lo que la rodea.

El restaurante al que iban. Una canción. Un olor. Un programa de televisión. Una hora del día.

Cada uno de esos estímulos se convierte en un disparador, un recordatorio que activa la búsqueda de esa persona.

Y eso genera recuerdos, emociones, y en algunos momentos esa sensación extraña de que la persona va a aparecer en cualquier momento.

Esto es parte de nuestra biología. El cerebro necesita tiempo para actualizar sus predicciones. Y mientras lo hace, el dolor aparece.

Y es importante saberlo porque te ayuda a entender el porqué duele.


El papel del estilo de apego ¿Por qué duele tanto?

No todas las rupturas se viven igual. Y gran parte de eso tiene que ver con el estilo de apego que desarrollaste.

Cuando tienes un apego seguro, puedes sentir el dolor de la pérdida y al mismo tiempo mantener la certeza de que puedes volver a ser amada.

Hay una base desde donde procesar.

Cuando tienes un apego inseguro, ansioso, evitativo, ambivalente, el sistema nervioso ya estaba en alerta dentro de la relación.

La separación lo lleva al límite. El vacío se hace más intenso. La desorganización es mayor. Y el proceso es más complejo.

Si el dolor que sientes es abrumador, eso puede estar diciéndote algo sobre el tipo de apego que llevas, y sobre el trabajo que puede transformar tu forma de relacionarte.

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La abstinencia emocional ¿Por qué duele tanto?

Hay algo más que pocas personas explican sobre el dolor de ruptura.

Las rupturas tienen un proceso de abstinencia, en el cual puedes sentir impulsos fuertes de buscar a la persona.

Si la relación tuvo ciclos de altibajos intensos, reconciliaciones, infidelidades, momentos de mucha intensidad seguidos de distancia, el cuerpo se acostumbra a ese ciclo de adrenalina, cortisol y dopamina.

Cuando la relación termina, el cuerpo entra en abstinencia.

Igual que con cualquier sustancia, la ausencia de ese estímulo genera malestar físico y emocional, un impulso de buscar a esa persona, y una especie de depresión del sistema nervioso que no puede conseguir lo que aprendió a esperar.

Por eso puedes saber que esa persona no te conviene y aun así querer llamarle.

Ver: Aprendí a soltar aunque no quería


Lo que tu cuerpo te está diciendo

El dolor de una ruptura no solo está en la cabeza. Lo sientes en el cuerpo, en el pecho, en el estómago, en esa sensación de que algo físico ha desaparecido.

Eso es real. Y tiene un sentido.

Tu cuerpo está procesando una pérdida. Y la única forma de que ese procesamiento ocurra es si se lo permites.

Evitar el dolor, llenarte de distracciones, saltar a otra relación, no darte el espacio de sentir aplaza el proceso y puede convertir un duelo natural en uno complejo.

Hay personas que llegan a sesión cinco años después de una ruptura y el dolor sigue igual de presente, porque nunca se dieron el espacio de procesarlo.

Permítete sentirlo. No todo de golpe, no indefinidamente, pero sí con conciencia. Siéntate con lo que sientes. Nómbralo.

Leer: Deja de buscar la felicidad en el amor


Los pensamientos que más duelen

En los momentos de ruptura que yo misma he vivido, los pensamientos que más encontré eran de culpabilidad:

“Quizás no di todo lo que podía dar.” “Quizás debí haber amado más.” “Si me duele tanto, ¿será que debí quedarme?”

Si reconoces esos pensamientos, hay algo importante que necesitas saber: no todo lo que piensas es verdad.

Los pensamientos que aparecen en el duelo son, en gran medida, los mismos patrones que aprendiste en relaciones anteriores, con tus cuidadores, en la forma en que organizaste tu mundo emocional desde pequeña.

Muchas veces son pensamientos de autocastigo, no de realidad.

Conviértete en la observadora de esos pensamientos. Nótalos. No los tomes como verdad absoluta. Y poco a poco, toma distancia de ellos.


Lo más importante de este episodio ¿Por qué duele tanto?

Que algo duela no significa que quedarte era la decisión correcta.

Eso puede ser difícil de aceptar. Especialmente cuando el dolor es tan intenso que parece evidencia de que debías haberte quedado.

No lo es.

Las rupturas duelen.

Duelen aunque la relación fuera dañina.

Duelen aunque la decisión de salir fuera completamente correcta.

Duelen porque el cerebro y el cuerpo procesan la pérdida independientemente de si la relación debía continuar o no.

Ser valiente y decidir salir de algo que no te hacía bien es exactamente eso: valentía. El dolor que sientes después no invalida esa decisión.


Este es el Episodio 1 de la serie Sanar el Corazón Juntas. En el próximo episodio hablo de los errores que más alargan el sufrimiento después de una ruptura. Te espero ahí.

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